El futuro no existe. Todo son potenciales. Muchos de esos potenciales ni siquiera se manifestarán de forma remota. Pero ... lo que tú piensas sobre el futuro, te condiciona el presente. 

El pasado ya no existe. Es solo pasado. Pudo ser terrible, pudo ser amable, pudo ser diferente o el más clásico de los pasados. Poco importa. Es pasado.

Concebir tu futuro a partir de una creencia que lo convierte en hostil, te va a dejar sin energía para gozar del presente, de sus regalos, de sus momentos.

¿Qué sería del mundo sin el miedo al futuro? ¡Cuantas personas tendrían que dejar sus trabajos para dedicarse a cultivar el presente! 

Vivir el presente equivale a ser consciente de tu realidad. Ser consciente equivale a permitirte ver las cosas sin condicionamientos, no como otros quieren que las veas, ni como parece que las apariencias pasadas las dibujan.

Vender el miedo es un negocio muy lucrativo. Vivir el miedo es, como mínimo, agotador.

El placer de tu alma es sentirte, tu presencia, en el momento presente.